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viernes, 11 de mayo de 2012

Coincidencia

El 28 de mayo del año pasado entraba del brazo de mi padre en la Iglesia. Todo el mundo nos miraba mucho, quizá porque nos habíamos vestido para la ocasión. Yo, de blanco. Sonaba Bocherini, la música nocturna de las calles de Madrid, y sentí tanto gozo que pensé que ojalá la entrada en el Cielo se pareciera: una vestidura blanca (porque me he lavado en la sangre del Cordero) y tanta gente querida sonriendo, un horizonte de cariños: y al fondo, el Señor y mi marido y yo caminando hacia ellos (si no les parece mal) del brazo de mi padre, que nada me haría más ilusión...

Me acuerdo de todo esto, de golpe, porque está cerca el cabo del año, sí, pero también por esta entrada que me ha "despertado" a la Vida esta mañana.

martes, 27 de septiembre de 2011

Perspectiva de eternidad

El sábado, en Toronto, tuvimos el principio de curso. Daba la charla del tema 1 ("Arraigados en Cristo", con ecos de la JMJ, como todo el temario) Ruth. Charla MAGISTRAL. En un momento dado habló de la perspectiva de eternidad desde la cual debíamos ver nuestra vida, porque si no, nos parecen piedras gigantes, imposibles de saltar, lo que en realidad (en la perspectiva adecuada, la del cielo) no son más que chinitas pequeñurrias...

Hoy leía un fragmento del Sermón sobre el Salmo 64, de San Agustín, y me contestaba la pregunta que aún no me había atrevido a formular... (pero así son los santos):
"¿Cómo despertar en nosotros el amor a la Jerusalén, nuestra patria, de la que el largo exilio nos ha hecho perder el recuerdo? Es el Padre quien desde allá nos escribe, y con sus cartas, que son las Santas Escrituras, enciende de nuevo en nosotros la nostalgia del retorno."

jueves, 16 de junio de 2011

La boda

Me habían dicho que disfrutara cada segundo, que pasaba muy rápido. "Tantos meses preparándolo y luego son unas pocas horas..."
Se quedaron cortos. Unos pocos segundos, fueron. Apenas un abrir y cerrar de ojos. Un vuelo de abrazos y frunces de vestidos, sonrisas de corbata. Ni siquiera pude estar diez segundos con cada una de las personas más queridas de mi vida que había venido a acompañarme en ese momento (con el agravante de que, desde ese día, las personas más queridas de mi vida son exactamente el doble que antes de ese día).

Ahora entiendo el concepto "eternidad". Es lo que se necesita cuando una es feliz.

martes, 3 de mayo de 2011

Yo estuve allí...

... y ahora tengo una mezcla de sueño y cansancio que me impide contarlo como la ocasión merece.

Pero, seis años después, volví a la plaza de San Pedro a encontrarme otra vez con Juan Pablo II. Entonces, hace seis años, me impresionó cómo la ausencia física no era la última palabra, cómo el espíritu de nuestro Papa Juan Pablo se hizo presente entre nosotros. Antesdeayer, volví a experimentar la forma nueva en que están los que se van: enganchados en nuestra fe, entretejidos en nuestra devoción.

No es un piadoso recuerdo, no es que estén vivos en nuestros corazones, ni es exacto decir que vivirán mientras pensemos en ellos o recordemos lo que hicieron. Están vivos en el que vive [el Viviente], de una forma que no podemos ni imaginar ("en cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos", así de exactamente expresó nuestro Papa Benedicto la distancia que nos separa de los que se han ido, lo que no cabe en nuestra pequeña cabecita).

Después de tres horas de empujones y asfixiante espera entre la masa anhelante (mi hermana inventó una nueva advocación para la Virgen, mientras rezaba las letanías del Rosario: "Reina de los oprimidos") pudimos al fin arrodillarnos ante el cuerpo que hace seis años soltó su espíritu de pescador universal, y comencé mi lista interminable de intenciones que pedir al nuevo beato. "Ahora te estrenas como beato, a ver cómo te portas" le dije. Me pareció entrever su sonrisa irónica, cientos de miles de personas desfilando todo el día ante sus reliquias, millones de personas que hemos ido a lo mismo durante estos últimos seis años, cientos de millones que le habrán rezado desde sus casas, sin desplazarse al Vaticano:
-"¿De verdad crees que me estreno ahora...?"

Ha sido un viaje TAN especial, y no sólo (¡¡¡pero también!!!) porque fuera mi regalo de pedida.

martes, 1 de marzo de 2011

La alegría del cielo empieza aquí

Leo a San Bernardo, me lo imagino siempre delgadillo y con su tonsura cantando a voz en grito por los pasillos:

"Cierto, nuestro gozo será grande, nuestra alegría infinita, cuando comience la verdadera vida. Pero ya LA ESPERANZA DE UN GOZO TAN GRANDE NO SE PUEDE DAR SIN GRAN GOZO. Que la esperanza os tenga alegres, dice el apóstol Pablo. Este gozo se produce en el alma de aquel que ha sembrado para la justicia por la convicción que tiene de que sus pecados le son perdonados."

miércoles, 23 de febrero de 2011

Cómo actúa el tentador

Cuando algo va bien susurra: "Esto no durará siempre"
Cuando algo va mal susurra: "Esto durará siempre"

El caso es que salgamos del "ahora" y entremos en el "siempre". La eternidad para la que estamos hechos es un presente eterno, no un futuro amenazante... (En palabras de Ángel Gónzalez, cómo me golpeó su verso hace ya años: "Te llaman porvenir/ porque no vienes nunca").

domingo, 26 de diciembre de 2010

Un Niño se nos ha dado (Feliz Navidad)


Ha venido para todos, hecho un Niño muy pequeño. Para todos. Pero hoy pienso en las niñas que, casi desde que pueden mantenerse en pie, acunan un muñeco en los brazos: es increíble lo pronto que despierta el instinto maternal, antes que la razón o el juicio. Pienso en las adolescentes y jóvenes que han abortado y se despiertan, sobresaltadas, de pesadillas nocturnas en las que acunan un niño inexistente en los brazos. Pienso en las esposas jóvenes que no pueden tener hijos, y en la forma en que acunan a sobrinos e hijos de amigas en los brazos, añorando un niño propio. Pienso en las madres mayores, cuando ven un niño chiquito y le hacen arrumacos, a medias entre la nostalgia por los suyos que ya han crecido y el anhelo de que esos mismos suyos crezcan más y les den nietos.

-"Es increíble, pero las mujeres parecemos haber nacido para tener siempre un niño en brazos..."

Hay Uno que se ha hecho Niño, muy pequeño, para colmar, también, ese hueco. Para no dejar vacíos en el corazón humano.

Feliz Navidad 2010.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La vida de los otros

Quizá tiene que ver con mi cumpleaños... cada año, junto a la alegría arrolladora por este don que es el más grande y gratuito -estar viva- surge un sentimiento (al principio fue ligeramente amargo, cada año es más sereno), mejor diría una certeza, de las cosas que ya no podré hacer. Ya no podré tener doce hijos, es improbable que pueda ser paisajista, no me dedicaré al estudio de la filosofía...
Cada año, no obstante, este sentimiento es más sereno. Porque he encontrado el antídoto: en mis horas libres devoro memorias, epistolarios, biografías. Otros fueron lo que no he sido, y tuvieron la generosidad (ellos o los que les rodeaban) de ponerlo a mi disposición. Leemos para vivir otras vidas, ¿quién lo decía?... Una existencia sola no es suficiente, estamos hechos para el Cielo, dónde no hay que elegir ni descartar, se nos da todo.

lunes, 11 de octubre de 2010

La eternidad es precisa

Aquí, una vida entera es breve para estar con los que quieres.
Y cinco minutos de dolor ya se hacen largos.

miércoles, 8 de julio de 2009

El contenido del corazón

Hasta que lo he leído, pensaba que difícilmente el contenido de esta obra de Rosales superaría al título.

Fue el fin de semana. Calor de julio (que puede ser más temible que el de agosto, porque "unos llevan la fama y otros..."), y yo en Huéscar, un pueblo de Granada que hasta ahora desconocía pero cuya geografía ha quedado incorporada al mapa en relieve que llevo cosido al alma. Por fuera, las casas bajas, la colegiata formidable (todo el Renacimiento español, y el Señor en la custodia como un sol), el silencio especial que hace la siesta de Despeñaperros para abajo, la masa suaave de los mejores churros que he probado nunca. Olivos y sombra, jamón y cariños de los buenos (que en los dos se nota especialmente la diferencia entre lo que es bueno y lo que no)... Y yo por dentro, otras casas, otra iglesia renacentista, otras siestas silenciosas, olivos y sombra, jamón y cariños... otro pueblo, pegado a Despeñaperros, y todos los veranos de mi vida, a la sombra de los abuelos.

Y Rosales cantaba a su madre, y a la infancia ida, y casi en cada frase yo veía a mi abuela, y mi infancia ida, también, junta con la del poeta, allá dónde estén las dos, porque nada se pierde. Y juntas estarán su madre y mi abuela en el Cielo, espero, que eso sí que es una fiesta. Y él también allí, y yo aquí leo lo que él un día le escribió a su madre, y hoy a mí me dice a mi abuela; y es que la literatura, si es buena, es eso: que lo que al principio fue de uno, luego es de cada uno.

viernes, 5 de junio de 2009

Cotidiana


Últimamente me pasan tantas cosas, todos los días, que no sé qué escribir. Creo que la literatura está emparentada con la escasez -con lo medido, pesado, escogido, podado- y el aluvión de acontecimientos -pequeños y gozosos- de todos los días me impiden dedicarme al cuidado arte de la letra miniada, que precisa de tiempo y calma, y no consiste en contarlo todo a lo loco y entremezclado.


Por contar, podría contar muchas cosas. Podría contar, por ejemplo, que he terminado la edición del libro de Historia Medieval que me ha traído loca -pero feliz- el último mes -o dos meses-, y aunque sigo teniendo mucho trabajo veo más luz ahora. O que ayer fuí en coche al funeral del padre de Mar con la más vieja y querida de todas mis amigas, que me conoce mejor que yo a mí misma tantas veces, y que merecería que sus palabras fueran grabadas y recordadas por el caudal de inteligencia bondadosa que desprenden, algo sorprendente. O que antes de ayer estuve en la Feria del Libro y me compré cinco libros, tres poemarios (la Obra poética completa de José Antonio Muñoz Rojas, que llevaba esperando comprar en la Feria hacía un año; una antología de Pedro Sevilla que también llevaba "en lista" -Todo es para siempre, me encanta el título- y ¡¡sorpresa!! una antología de Miguel D´Ors de la que no tenía noticia, qué regalo), un Chesterton de viajes (Lo que ví en América, otra sorpresa de Renacimiento, ésa es mi caseta favorita de la Feria, ¡¡qué cosas más estupendas editan!!) y el Diálogo de Santa Catalina de Siena, en la B.A.C. (y ahora que me doy cuenta, en una edición primorosa, también, creo que esto de trabajar en el gremio me está influyendo...). O que por la noche tuve tele y hablé de Lo que ha llovido, y al día siguiente llovieron comentarios en el blogg del que ha salido el libro y tuve que identificarme con un comentario (qué vergüenza, pero luego el autor fue tan encantador que se me pasó).


O lo más importante, que ese mismo miércoles cargadito de cosas se cumplían cuatro años desde que el abuelo se fue al Cielo, y qué día de paz y de alegría, en la íntima convicción de que ya está en el lugar al que pertenecemos, donde siempre quiso estar, y el Evangelio eran los saduceos que no creen en la Resurrección y le vacilan al que es la Resurrección y la Vida, con su ejemplo tonto de la que se casó siete veces con siete hermanos... Y el Señor: "no entendéis la Escritura ni el poder de Dios." No entendemos nada, en el Cielo pervivirán los cariños, pero de otra forma, lo que pasa es que todos los cariños (aquí tan pobretones, tan mezclados con otras cosas, los celos, las carencias, los miedos) se igualarán "hacia arriba", en el Amor infinito de Dios. El amor por los padres, hermanos, amigos y cónyuges dejará de tener gradaciones (más-menos que) y todos nos querremos infinitamente en el Único que ama con amor infinito. Claro, cómo vamos a entender nada... si es tan alucinante... un niño que no sabe leer en el umbral de la Biblioteca de Alejandría, eso somos ante el Cielo.


Me salen entradas larguísimas, y creo que el quid del blog (como de la literatura en general) es la brevedad, la selección como he dicho al principio... pero qué se le va a hacer. Y además, siempre acabo hablando del Cielo. Bueno, para eso es mi blog y escribo lo que quiero.

lunes, 25 de mayo de 2009

El camino del cielo

Por lo visto lo dijo mi admirada Santa Teresa ("la grande"), aunque yo lo he leído citado, no a ella directamente. Y una reflexión muy parecida, si no idéntica, la he encontrado en la estupenda biografía de Catalina de Siena (Sigrid Undset, Ediciones Encuentro) que he acabado este fin de semana. No me extraña, porque es perfectamente lógica:

"El camino del cielo es un cielo; y el camino del infierno es un infierno"

martes, 19 de mayo de 2009

La angustia de la separación como base de un vínculo

Hoy pensaba hacer una reseña del libro que me leí el jueves pasado, y del que hablaré mañana en la tele, D.m., "La importancia de las cosas". Es un momento providencial, además, puesto que estoy inmersa en la más rigurosa limpieza de mi cuarto que nunca haya acometido (es un efecto secundario de la tesis, me temo) y me he dado cuenta de hasta qué punto soy "cosista" (vocablo acuñado por Neruda, según nos explicaron en la visita a una de sus casas en Chile)... vamos, que he atesorado una grande cantidad de cosas inútiles y ahora tengo que desprenderme de la mayoría.

Pero todo ha quedado barrido por la noticia que he recibido en un sms madrugador: al padre de una amiga le dió anoche un infarto cerebral y está en el hospital. Los médicos hablan de un daño irreversible y le dan horas de vida, a lo sumo días.

De repente, nada tiene tanta importancia: es el primer efecto de una noticia así. Lo comprobé hace tres meses con la muerte de Sara, la hermana mayor de otra amiga muy querida. Cuando te enteras, todo lo que hasta ese momento te parecía crucial pasa a convertirse en un entretenimiento, nada serio.

Lo principal ahora, claro, es rezar. Y no puedo evitar que todas mis reflexiones de esta mañana vuelen junto a Mar, que está en casa, con su familia, esperando.

En este contexto, leo un artículo de Tony Anatrella en el último número de la revista "Humanitas", el 54, que acaba de llegar hace un rato. El artículo habla de esos seres imprescindibles que son los abuelos ("El rol de los abuelos en el desarrollo afectivo de los niños", se llama, y está en las páginas 324 a 332). Y el último epígrafe lleva ese título luminoso que he usado yo para esta entrada, y contiene esta explicación que hoy, para mí, trae resonancias especiales:

"La relación amorosa, al igual que la relación filial y con los padres, se basa en la angustia de la separación. Esta angustia comienza con el temor a estar separado de los padres, de perderlos como "Pulgarcito", el temor de las separaciones en el momento de la adolescencia, el temor de perder el objeto del amor y la inquietud de la separación final de la muerte. Nos humanizamos sabiendo tratar la angustia de la separación al aprender a vincularnos con los demás y a comprometernos en un juramento amoroso."

De niña, cuando nos dejaban con los abuelos en vacaciones, yo sufría la angustia de la separación. Recuerdo preguntar a la abuela por qué me costaba tanto separarme de los padres, y en cambio mucho menos separarme de ellos, de los abuelos, y volver a casa. Ella me explicaba: "Es que como se quiere a los padres no se quiere a nadie... son cariños distintos."

A ellos, a los abuelos, también los quise tanto que la separación definitiva -en este mundo, porque creo que nos volveremos a encontrar- es el momento en el que cifro el final de mi infancia. Era mayor, lo sé, pero mientras ellos vivieron fuí una niña eterna.

¿Y no me cuesta tanto emparejarme por ese miedo a la separación definitiva? A perder el objeto del amor, sí, pero sobre todo a amar de verdad y tener que separarnos...

El cielo, ese lugar donde ya no hay ausencias. Es una de las frases más bellas de Blanca Gª Valdecasas, quizá también porque es de las más verdaderas.