El 28 de mayo del año pasado entraba del brazo de mi padre en la Iglesia. Todo el mundo nos miraba mucho, quizá porque nos habíamos vestido para la ocasión. Yo, de blanco. Sonaba Bocherini, la música nocturna de las calles de Madrid, y sentí tanto gozo que pensé que ojalá la entrada en el Cielo se pareciera: una vestidura blanca (porque me he lavado en la sangre del Cordero) y tanta gente querida sonriendo, un horizonte de cariños: y al fondo, el Señor y mi marido y yo caminando hacia ellos (si no les parece mal) del brazo de mi padre, que nada me haría más ilusión...
Me acuerdo de todo esto, de golpe, porque está cerca el cabo del año, sí, pero también por esta entrada que me ha "despertado" a la Vida esta mañana.
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viernes, 11 de mayo de 2012
jueves, 16 de junio de 2011
La boda
Me habían dicho que disfrutara cada segundo, que pasaba muy rápido. "Tantos meses preparándolo y luego son unas pocas horas..."
Se quedaron cortos. Unos pocos segundos, fueron. Apenas un abrir y cerrar de ojos. Un vuelo de abrazos y frunces de vestidos, sonrisas de corbata. Ni siquiera pude estar diez segundos con cada una de las personas más queridas de mi vida que había venido a acompañarme en ese momento (con el agravante de que, desde ese día, las personas más queridas de mi vida son exactamente el doble que antes de ese día).
Ahora entiendo el concepto "eternidad". Es lo que se necesita cuando una es feliz.
Se quedaron cortos. Unos pocos segundos, fueron. Apenas un abrir y cerrar de ojos. Un vuelo de abrazos y frunces de vestidos, sonrisas de corbata. Ni siquiera pude estar diez segundos con cada una de las personas más queridas de mi vida que había venido a acompañarme en ese momento (con el agravante de que, desde ese día, las personas más queridas de mi vida son exactamente el doble que antes de ese día).
Ahora entiendo el concepto "eternidad". Es lo que se necesita cuando una es feliz.
miércoles, 15 de junio de 2011
Cosas importantes de la vida
Las cosas importantes en la vida son fáciles de detectar: son aquellas que hacen nuevas todas las demás. Que lo trastocan todo, que hacen que nada vuelva a ser igual. Que te obligan a ver con ojos nuevos, a leer la realidad desde este acontecimiento, esta novedad después de la cual nada es como era...
Por lo demás, las palabras se quedan cortas. ¿Cómo pagaré al Señor por el bien que me ha hecho? E incluso: ¿cómo cantaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Por lo demás, las palabras se quedan cortas. ¿Cómo pagaré al Señor por el bien que me ha hecho? E incluso: ¿cómo cantaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
jueves, 10 de marzo de 2011
Maravilla
Hacía años que rezaba para encontrar a una persona con la que compartir la vida. De casarse no le hacía ilusión el vestido ni el fiestón (o no principalmente) sino la aventura que suponía: dejar de vivir sola, empezar a vivirlo todo compartido. Le parecía que era una vida mejor, más grande, que cumplía lo que ella deseaba.
Muchos días leía el blog de aquel poeta, poco mayor que ella, que llevaba años felizmente casado pero rezaba para tener un hijo: entre líneas percibía su anhelo, que no se acallaba pero sí se iba volviendo confiado. Tal vez no conviniera... tal vez Dios tuviera otros planes. Aprendía ella también a confiar su anhelo a Otro, a veces no sabemos qué es lo mejor.
Un día, pasado el tiempo, leyó en el blog la convocatoria para la presentación del poemario en que él cantaba, agradecido, el nacimiento de su primer hijo. No pudo asistir: tenían cursillo prematrimonial ese día.
Muchos días leía el blog de aquel poeta, poco mayor que ella, que llevaba años felizmente casado pero rezaba para tener un hijo: entre líneas percibía su anhelo, que no se acallaba pero sí se iba volviendo confiado. Tal vez no conviniera... tal vez Dios tuviera otros planes. Aprendía ella también a confiar su anhelo a Otro, a veces no sabemos qué es lo mejor.
Un día, pasado el tiempo, leyó en el blog la convocatoria para la presentación del poemario en que él cantaba, agradecido, el nacimiento de su primer hijo. No pudo asistir: tenían cursillo prematrimonial ese día.
viernes, 27 de noviembre de 2009
Noviembre dulce
Ha sido tradicionalmente mi mes favorito, quizá porque es mi cumpleaños, porque la Navidad está cerca (de niños, lo mejor es la espera), porque el abuelo decía de mi que era un dulce de otoño, como los membrillos, por tantas cosas. Ahora no ha dejado de serlo, pero ahora comprendo que todos los meses son nuestros (nosotros de Cristo y Cristo de Dios).Si Él quiere, vendrán otros noviembres, pero nunca más éste, el de 2009. No avancé apenas en la tesis, pero leí la vida de Shakespeare, y sus Sonetos, Gómez Dávila, Pacheco, una tontería yankee sobre la crisis de los 30 (Plan B, de Tropper) justo después de salir de ella. Recuperé la alegría de vivir en Madrid, empecé con las clases de pilates, volví a encontrar dicha en el trabajo. Merendé con Juncal, comí con Blanca, me hice amiga de un Lord, me mandaron orquídeas por primera vez en mi vida. Viajé a Vigo y estuve con mis tías queridas, hacía veinte años que no veía esa ciudad recogida sobre el mar, cuánta belleza, y descubrir para siempre que Vigo es Vivaldi y los libros nos regalan recuerdos de lo que no hemos vivido.
Muchas más cosas pasaron en Noviembre, y fueron todas buenas.
miércoles, 24 de junio de 2009
Palabras adecuadas

Hace un par de días floto en una alegría para la que no he encontrado palabras adecuadas, suficientes. Esa es una de las razones por las que no he podido escribir nada sobre el tema en este blog.
Hoy, el mismo al que debo agradecimiento ha querido regalarme las palabras adecuadas para agradecer. En la primera lectura, del libro de Isaías (49, 1-6):
"Mientras yo pensaba: "En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas", en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios."
martes, 16 de junio de 2009
Agradecimiento

Cuatro días enteros a bordo de un velero, todo el puente del Corpus. Experimentar la plenitud, que es no querer nada más, continuar así, que se pare el tiempo, que no se acabe la navegación. No necesitar nada más: el mar, el viento, las velas desplegadas, el movimiento rítmico (como una cuna). Buenos amigos, el Señor al timón...
A mí jamás se me hubiera pasado por la cabeza embarcarme, no me apetecía, nunca me tentó. Hoy comprendo lo que es el agradecimiento: la alegría por aquello que uno ni siquiera se hubiera atrevido a imaginar, antes de recibirlo gratis.
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