martes, 14 de septiembre de 2010

Desconsuelo

Mi mejor amiga está desconsolada. Ayer me tuvo casi una hora y media al teléfono (me tuvo y la tuve, la responsabilidad va al 50% porque desde luego no estuve hora y media callada) detallándome su maldeamores.

Ya me había acordado de ella por la mañana, cuando leí esta maravilla de San Agustín que había citado el Papa en la audiencia del domingo (¿¿por qué San Agustín nunca me parece tan maravilloso cuando lo leo yo sola que cuándo se lo leo citado al Papa??): "el lugar de la tranquilidad imperturbable se encuentra donde el amor no experimenta el abandono" (Confesiones, IV, 11.16)

Por la noche, nada más empezar la carta A una joven viuda de San Juan Crisóstomo (es que ayer era el santo del día), resonó como un aldabonazo el primer párrafo: "ya que los golpeados no deben gastar todo el tiempo en duelo y lágrimas, sino que además han de poner mucha atención en la cura de sus heridas, de suerte que por ser descuidadas no procuren a las lágrimas un golpe mayor y hagan más viva la llama del dolor..."

Mi Iglesia, siempre atenta a remediar el desconsuelo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Diálogos paterno-filiales

Despedida a pie de ascensor. Con la preocupación ante cualquier desplazamiento (por pequeño que sea) que he heredado por vía femenina de la familia materna, recomiendo:
-Id con cuidadín!!!
Respuesta de padre:
-Buscaremos a cuidadín pero, si no aparece, nos tendremos que ir solos

viernes, 10 de septiembre de 2010

Apostolado


Me ha tocado preparar el tema de marras para mi grupo. ¿Por qué siempre te toca el tema que menos te atrae? Para que reflexiones en lo que más necesitas y a lo que nunca le dedicarías tiempo si no, creo.


He decidido emplear el blog como "banco de pruebas", un "brain storming" previo al asunto. Empiezo: la primera idea que me viene a la cabeza cuando hablamos de apostolado es Andrés corriendo a por su hermano Pedro: "¡Hemos encontrado al Mesías!" quizá porque mi hermana y yo también nos queremos así: en cuanto una encuentra algo bueno, quiere que lo tenga también la otra. El apostolado es una cuestión de caridad, no de activismo. No te "propones" que muchos conozcan al Señor, sino que como quieres a muchos... quieres que esos muchos tengan lo mejor que tú tienes: al Señor. Haberle conocido justifica una vida... y sin conocerle, dificilmente se justifica una vida.


Segunda idea: el apostolado es una cuestión de unión íntima con el Señor. La "íntima unión personal con Cristo" (no sobra ni una palabra) de la que habla Benedicto XVI en la Audiencia General sobre San Pío X del 18 de agosto. No es algo que uno se "propone" sino algo que uno "desprende" aunque no quiera, aunque no se dé cuenta. Es la famosa oración del Cardenal Newman que las Misioneras de la Caridad rezan cada mañana: "Dear Jesus, help me to spread Your fragance everywhere I go..." Cómo emociona oírlas, cualquiera que haya vivido en una casa de Misioneras, aunque sea un día, sabe a lo que me refiero. Y qué apostolado magnífico hacen ellas, sin hablar siquiera, sólo con la silenciosa fuerza de la caridad. El apostolado (vuelvo al origen) es una cuestión de caridad, o sea, de amor: amor a Dios, amor a los demás, amor de Dios sobre todo que nos envuelve a todos y nos permite amar a todos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Renacimiento: atando cabos


En agosto leía las Últimas cartas de Tomás Moro, el mejor Renacimiento.

Acabé el mes yendo a ver la exposición de Ghirlandaio en el Thyssen: qué maravilla.

Y el lema en latín, pintado detrás de la figura: he olvidado casi todo lo que supe, pero hice una traducción libre y disfruté pensando que era eso lo que ponía.

La concepción del arte y los artistas que tenemos, todavía hoy, es claramente renacentista.

Y luego me llegó otro texto latino para traducir, una inscripción de Ugo da Carpi en una obra para la que le había cedido el motivo Rafael: y qué hermosa protección contra el plagio, por primera vez colándose en el arte la idea de la originalidad personal, la genialidad del artista individual, cuestiones todas que hubieran escandalizado a un medieval, creo.

Y para la tesis he consultado El diseño de libros del pasado, del presente y tal vez del futuro. La huella de Aldo Manuzio (de Enric Satué, Salamanca, 1998) y allí estaba todo otra vez: Venecia (pero también Florencia), el anhelo de universalidad, tocar todos los palos, no esta fragmentación de la hiperespecialización postmoderna. Y el anhelo de la belleza, y otra vez Ghirlandaio.


El Renacimiento me persigue...

viernes, 3 de septiembre de 2010

Editores

Por diversas causas, estoy leyendo mucho sobre editores y labor editorial estos últimos días. No es lo mejor de lo que he leído, pero en la revista DeLibros de septiembre hay un artículo dedicado a los editores que trabajaban en grandes grupos y se han lanzado a la aventura de lanzar pequeñas editoriales ("independientes"). Encuentro una afirmación de editor que me gusta, un poco simple, pero me gusta, dentro de una reflexión más amplia que hace Enrique Murillo (y que tampoco está mal):

"He aprendido que en el mundo del libro hay trabajando mucha gente que no lee jamás, que apenas si echa una ojeada a informes de lectura escritos por otros. He vivido con dolor personal el desprecio que se siente por los autores, por los libros, por la cultura. También he aprendido a hacer números. A los alumnos del Master de Edición de la Universidad Autónoma de Barcelona les enseño que la mejor editorial necesita algo más que publicar muy buenos libros. Debe también estar saneada como negocio, debe lanzarlos bien, venderlos, o de lo contrario acaba cerrando y esa editorial deja de ser la más buena porque ha tenido que abandonar. Un editor es ante todo un lector, en segundo lugar debe entender un poco de negocios, y ha de dedicarse a vender sus libros, es decir a transmitir la pasión que le han suscitado a él cuando los leyó y eran sólo un manuscrito." (p. 47)

Y también de Enrique Murillo esta reflexión sobre el trabajo en los grandes grupos empresariales (en este caso editoriales, pero puede ser cualquier otro), IMPRESIONANTE:

"De todas partes tuve que irme por motivos nunca relacionados con mi desempeño profesional sino con los celos, mi incapacidad para callar ante lo que no me gustaba, mi poca tendencia a participar en el navajeo y la política interna de esos grandes grupos. En ninguno me callé a tiempo; siempre pensé que no debía fidelidad al alto o mediano ejecutivo, sino a la empresa que nos daba de comer a todos, y eso suele estar mal visto en organizaciones piramidales. Yo no me había metido allí para medrar, sino para hacer buenos libros, y resultó que, hablando en general, me encontraba bastante solo. Los demás estaban pensando en otros asuntos." (pp. 45-6)

Revista DELIBROS, Nº 245, Madrid, Septiembre 2010, pp. 45-48.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La buena vida


Creo que se llama así porque abre de 12 a 12, todos los días. La buena vida es trabajar haciendo lo que más te gusta (leer, pero para no cansarte, paras a ratitos para tomarte un café o ponérselo a alguien, para charlar un rato o estirar las piernas) y no madrugar.


O a lo mejor la buena vida es pasar un rato por ahí...


En fin: aquí lo dejo.


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lecturas de verano


Esto es lo bueno de trabajar en un centro de cultura (léase Universidad). Tomando café con un amigo viene otro amigo y en vez de "qué tal todo, cómo ha ido el verano, estás morena" me suelta lo primero: "He leído un libro bueno este verano. La fe de los demonios. Abracadabrante."

Entonces el otro amigo (con el que me estaba tomando el café) me cuenta: "Yo he leído tres libros este verano, pero dos no me han gustado nada. El tercero, que era de poesía, sí". (No pongo aquí los nombres porque sólo me acuerdo de los dos que no le han gustado nada, y no del de poesía que es vasco y contemporáneo).

Y entonces yo me veo obligada/encantada a contar que yo he leído cinco libros este verano, bueno, tres nuevos y dos relecturas. Los nuevos: Últimas cartas de Tomás Moro, en Acantilado (espectacular), la carta Orationis formas de la Congregación para la Doctrina de la Fe cuando Ratzinger era prefecto (me ha ayudado muchísimo, qué LIBERTAD: cada católico debe buscar su camino de oración, sin fórmulas preconcebidas ni recetas, pero sabiendo que Cristo es el Camino, y lo que nos lleve a Él es bueno y lo que no, pues no) y Aquí, de Wislawa Szymborska, que había leído la reseña de Enrique García Máiquez en Poesía digital (no sé enlazarla) hacía meses y por fin lo encontré, en un café-librería chulísimo, pero eso lo cuento mañana.

Dos relecturas, que se disfrutan más que las lecturas: la Autobiografía de San Ignacio (la leí en una edición con "castellano modernizado" y no estaba mal, pero qué incomparablemente mejor es leerla en la edición buena, la de las Obras Completas de la BAC, qué expresiones deliciosas) y 84, Charing Cross Road, esta vez en inglés, y por eso lo he disfrutado aún más, porque es una obra sobre literatura inglesa y hay que leerla en su idioma original, y porque me lo compré en Londres. Ahí queda eso, y es que los libros también son de los lugares, no espíritus desencarnados sino trocitos de la vida nuestra, materiales y espirituales como nosotros, los hombres.