La tarde se rompe en soles poco antes de caer. No es sólo el esplendor previo a la decadencia: todo en la naturaleza nos habla de una Belleza que no se marchita.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
viernes, 25 de noviembre de 2011
España
Últimamente estoy leyendo tanto (¡qué alegría, qué alegría!) que me estoy planteando si convertir este blog en uno de crítica literaria. O mejor aún, de grandes citas.
Me gustaría comentar/citar, de preferencia, libros agotados e inencontrables, autores caídos en desgracia o políticamente incorrectos.
Lo pensaba leyendo esta coplilla, insuperable, de los injustamente olvidados hermanos Álvarez Quintero, en La patria chica:
Aquel que hable mal de España
un castigo ha de tener;
llevarlo a una tierra extraña
y no dejarle volver.
Me gustaría comentar/citar, de preferencia, libros agotados e inencontrables, autores caídos en desgracia o políticamente incorrectos.
Lo pensaba leyendo esta coplilla, insuperable, de los injustamente olvidados hermanos Álvarez Quintero, en La patria chica:
Aquel que hable mal de España
un castigo ha de tener;
llevarlo a una tierra extraña
y no dejarle volver.
martes, 22 de noviembre de 2011
Vocación
Hace ya muchos años, en plenas dudas vocacionales (originadas por algo que me sigue pasando a día de hoy: ¡todo me gusta!) una amiga me dió la mejor definición de la vocación que nunca he oído. Como llevo un mes sin escribir en el blog, y porque me siento generosa, voy a difundirla aquí. Me dijo:
-Sabes que tienes vocación a algo porque si no lo haces, serás una desgraciada el resto de tu vida.
Aún con la carga de subjetivismo (tan propio de nuestra generación) que lleva consigo, es una definición buenísima. Es verdad que a veces te parece que si no haces algo serás una desgraciada, y luego es mentira: no lo haces y no eres nada desgraciada, al revés. La clave es el te parece.
Porque a lo que de verdad, de verdad, tienes vocación (de vocatio: llamada), o lo sigues... o no es que te parezca que eres desgraciada, es que lo eres.
-Sabes que tienes vocación a algo porque si no lo haces, serás una desgraciada el resto de tu vida.
Aún con la carga de subjetivismo (tan propio de nuestra generación) que lleva consigo, es una definición buenísima. Es verdad que a veces te parece que si no haces algo serás una desgraciada, y luego es mentira: no lo haces y no eres nada desgraciada, al revés. La clave es el te parece.
Porque a lo que de verdad, de verdad, tienes vocación (de vocatio: llamada), o lo sigues... o no es que te parezca que eres desgraciada, es que lo eres.
viernes, 21 de octubre de 2011
Un buen tío
Por lo demás, era buen tío. Leal, no un trepa de los que abundaban: podías desahogarte con él, criticar a algún jefe incluso, despotricar un rato... no te seguía, pero sabías que no te delataría nunca, que no usaría contra ti la información que le habías proporcionado en un rapto de ira, ni siquiera te haría bromitas cómplices para que supieras que sabía cosas que te comprometían, que seguía acordándose... No enmarronaba a otros con sus trabajos, trabajaba bastante rápido, de hecho, más que todos yo diría, sacaba más trabajo que ninguno del departamento, para ser sinceros. Y siempre de buen humor, contento, por la mañana le oían llegar silbando a la oficina, en lo que era el único. Apenas tomaba cafés, comía en su mesa de un tapper, pero participaba en las porras de fútbol, en la lotería de navidad, en todos los regalos que se hacían... y cuando Lorenzo estuvo de baja tantos meses fue de los pocos que le visitó, quizá el que con más frecuencia lo hizo.
Un buen tío. La única pega, su rareza esa de tener tantos hijos, nadie lo entendía. Su mujer no trabajaba, lo tuvo que dejar con el tercero o cuarto, claro, a quien se le ocurre tener tantos hijos hoy en día: que se han inventado cosas, tío, que no te enteras... las bromitas quedaban abortadas en cuanto se ponía serio, de las pocas veces que le habían visto ponerse serio. Pero a su espalda, quién las paraba: debe ser un infierno la casa de... con tanto niño, no me quiero ni imaginar el ruido que tienen allí... "y su mujer como una esclava, todo el día encerrada en su casa": ése era el comentario recurrente de las dos únicas directivas de la empresa, sobre todo a partir de las ocho o nueve de la noche, encerradas en el despacho que compartían.
Tantos años trabajando como el que más y ni un miserable ascenso. Los primeros años sí, pero luego... Su compañero de despacho, Sánchez, le profesaba un afecto sincero, acaso el que más en toda la oficina. No sabía cómo decírselo: los de Recursos Humanos pasaban por las mesas a última hora de la tarde, las ocho, las nueve, las diez incluso. Ahí eran las conversaciones aparentemente intrascendentes, las valoraciones, las peticiones... ahí uno podía dejar caer lo que le interesaba, lo que esperaba, irse haciendo "amigo", hasta conseguir algo. Pero a esa hora, ya hacía tiempo que había salido de la oficina. Trabajaba como el que más, sí, pero no se quedaba ni un minuto fuera de horario:
-"Tal vez, si te quedaras un poco más en la oficina... A partir de las siete, aquí, empieza lo bueno."
No recibió ni una mirada de duda, como respuesta:
-"Pero qué dices, Sánchez... lo bueno ha empezado antes de las siete, y en mi casa."
Un buen tío. La única pega, su rareza esa de tener tantos hijos, nadie lo entendía. Su mujer no trabajaba, lo tuvo que dejar con el tercero o cuarto, claro, a quien se le ocurre tener tantos hijos hoy en día: que se han inventado cosas, tío, que no te enteras... las bromitas quedaban abortadas en cuanto se ponía serio, de las pocas veces que le habían visto ponerse serio. Pero a su espalda, quién las paraba: debe ser un infierno la casa de... con tanto niño, no me quiero ni imaginar el ruido que tienen allí... "y su mujer como una esclava, todo el día encerrada en su casa": ése era el comentario recurrente de las dos únicas directivas de la empresa, sobre todo a partir de las ocho o nueve de la noche, encerradas en el despacho que compartían.
Tantos años trabajando como el que más y ni un miserable ascenso. Los primeros años sí, pero luego... Su compañero de despacho, Sánchez, le profesaba un afecto sincero, acaso el que más en toda la oficina. No sabía cómo decírselo: los de Recursos Humanos pasaban por las mesas a última hora de la tarde, las ocho, las nueve, las diez incluso. Ahí eran las conversaciones aparentemente intrascendentes, las valoraciones, las peticiones... ahí uno podía dejar caer lo que le interesaba, lo que esperaba, irse haciendo "amigo", hasta conseguir algo. Pero a esa hora, ya hacía tiempo que había salido de la oficina. Trabajaba como el que más, sí, pero no se quedaba ni un minuto fuera de horario:
-"Tal vez, si te quedaras un poco más en la oficina... A partir de las siete, aquí, empieza lo bueno."
No recibió ni una mirada de duda, como respuesta:
-"Pero qué dices, Sánchez... lo bueno ha empezado antes de las siete, y en mi casa."
viernes, 7 de octubre de 2011
El verdadero trabajo
El verdadero trabajo es mantener la cabeza despejada para poder sacar adelante lo que hay que hacer en cada momento
lunes, 3 de octubre de 2011
Los días extraordinarios: reflexiones de lunes
Los días extraordinarios lo son porque se comparan con los días ordinarios.
Si no existieran estos días callados, aparentemente rutinarios (solo aparentemente, porque para el amor no hay rutina), de mucho esfuerzo y poca gratificación aparente, no existirían los otros: los días gozosos, de celebración y fiesta.
Hay descanso porque hay trabajo. Es más, hay descanso en relación al trabajo.
Pd: éstos son únicamente unos apuntes deslavazados de lunes... Prometo leer Una teoría de la fiesta, a ver qué dice Pieper sobre este asunto.
Si no existieran estos días callados, aparentemente rutinarios (solo aparentemente, porque para el amor no hay rutina), de mucho esfuerzo y poca gratificación aparente, no existirían los otros: los días gozosos, de celebración y fiesta.
Hay descanso porque hay trabajo. Es más, hay descanso en relación al trabajo.
Pd: éstos son únicamente unos apuntes deslavazados de lunes... Prometo leer Una teoría de la fiesta, a ver qué dice Pieper sobre este asunto.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
La misión del jefe... (II)
Se lo he leído a Juan Ignacio Luca de Tena, y estoy entusiasmada. La expresión es de su padre: "decía que no se puede ser, al mismo tiempo, primer violín y director de orquesta".
La misión del jefe es "organizar y dirigir", ¡¡no hacer el trabajo!! aunque lo haga bien... aunque lo sepa hacer...
La misión del jefe es "organizar y dirigir", ¡¡no hacer el trabajo!! aunque lo haga bien... aunque lo sepa hacer...
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